Vivimos en una era de avances tecnológicos inimaginados hasta para los autores de la ciencia ficción más arriesgada. En el mundo del Derecho este escenario es una oportunidad para que las plataformas y aplicaciones como las de legaltech sean caminos y no trampas que nos vuelvan irrelevantes en el futuro. Lograrlo depende de no dejarnos distraer por la tendencia y conectar con nuestro poder humano ganando los beneficios que ningún algoritmo puede prometer: coordinar acciones, sostener liderazgos y volvernos más valorados.
Aliados
Transitamos un momento privilegiado para despertar todos los aspectos del poder humano que nos ayuden personalmente y también a la sociedad. Jamás en la historia de la especie tuvimos una chance tan clara de activar este potencial como hoy. Venimos de épocas y memorias sesgadas por las guerras, las hambrunas y las dificultades de nuestros antepasados cargados por creencias de cómo debían ser las cosas. Hoy muchos velos y cegueras se nos están despejando.
En paralelo, la tecnología nos abre caminos para la activación de la conciencia al permitir el acceso inédito a la información. Nos provee conectividad, velocidad y amplitud. Sin embargo, las comunicaciones digitales, los software y las plataformas que creamos para ayudarnos también pueden ser nuestros verdugos si no mantenemos un alto grado presencia.
Los avances tecnológicos habilitan infinitas posibilidades y el gran desafío es no quedar atrapados o hipnotizados por ese horizonte. Si esto ocurre perderemos la oportunidad de conectar con el potencial creador que nos hace humanos. Podemos considerarlo un desafío o una prueba de maestría enviada por algo o alguien superior.
Mucho más
El poder humano no es únicamente la empatía, la gestión de las emociones o la amabilidad. Es mucho más que eso. Es una energía infinita que unida a nuestra profesión y propósito en la vida nos traerá satisfacciones y herramientas con las que transitar el día a día de los clientes, colaboradores y equipos de trabajo. También nos ayudará en la autogestión y liderazgo.
Esta fuerza innovadora abre puertas y espacios no lineales que solo podemos experimentar y muchas veces escapan a una sola definición. No tengo dudas de que la activación de este poder humano impacta en la vida profesional y personal. Luego de muchos recorridos con alumnos y talleristas de Coaching Jurídico Transformacional reconozco que aún no somos conscientes de todo lo que podemos llegar a ser si formamos parte de este proceso evolutivo integral.
Alcanzar el poder humano nos permite coordinar acciones y volvernos más buscados por los clientes. Es el resultado de entablar una relación con el amor que volcamos al trabajo, ya sea la abogacía, la docencia, la escritura o cualquier otra profesión. Si nos entregamos al agradecimiento y colaboración de construir un mejor mundo la valoración en todas sus formas nos alcanzará. Así lo establecen las leyes cuánticas: la resonancia de servicio a un proceso evolutivo regresará en su integralidad.

Yo, (no) robot
Creo que es muy importante estar atentos y conscientes a no caer en modas y tendencias que nos quiten el foco de hacernos del poder humano. En todos los campos profesionales aparecen nuevos modelos que prometen resolver nuestros problemas. En el mundo del Derecho ya pasamos por el boom de la mediación, del arbitraje, de la oralidad y de las especializaciones. Hoy las promesas descansan en las herramientas digitales, la velocidad y la inmediatez.
Como humanidad sabemos que la tecnología también puede reflejar nuestras sombras. Obtenemos de ellas lo que suponemos que queremos, pero nos desconectamos de nuestra profundidad, sabiduría, resiliencia, adaptación e intuición.
Si bien los desarrollos pueden haber sido creados con las mejores intenciones, carecen de algo: el ritmo orgánico de las personas, ese tiempo para procesar e integrar. Por el momento, esa realidad interior no responde a los algoritmos. Allí es donde el poder humano tiene mucho para aportar.
Entiendo que este camino puede ser un desafío especial para las generaciones de profesionales más jóvenes que nacieron en la creencia de lo instantáneo. Ese modelo choca con las dinámicas naturales y con otras generaciones que aún forman parte importante del mundo y del futuro. Si queremos alcanzarlo debemos entender que las personas, las emociones, la empatía con el cliente y el equipo de trabajo requiere tiempo, presencia y equilibrio.
Parece una paradoja, pero la humanidad aún no ha podido conectar del todo con el poder humano. Hasta el momento seguimos atados a las memorias antiguas, donde la preocupación era el territorio y la supervivencia. Recién comenzamos a vislumbrar lo que podemos hacer y ser. La clave es entender que ya no estamos en las viejas luchas y que nuestra conciencia debe ser otra.